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Crítica de la primera temporada de Stranger Things

Stranger Things es la serie de moda. La nueva producción de Netflix está enamorando a muchos y los hermanos Duffer se han convertido en una pareja de directores a seguir muy de cerca. En apenas 8 episodios, la pareja ha conseguido devolvernos la nostalgia y la magia en una ficción de terror con una perfecta atmósfera propia de los clásicos del género.

La historia nos sitúa en Hawkins, Indiana, en la década de 1980, y nos relata la desaparición del niño Will Byers (Noah Schnapp) bajo extrañas circunstancias. Su madre (Winona Ryder) comienza una investigación con las autoridades locales para esclarecer la desaparición y se desenreda una serie de misterios que involucran experimentos secretos realizados por el gobierno, aterradoras fuerzas sobrenaturales y a una niña un tanto extraña…

Stranger Thinks

En términos visuales, la serie es impecable, consiguiendo transmitir a la perfección los años 80 y homenajeando grandes clásicos de terror que muchos de nosotros hemos visto decenas de veces, como “La Cosa” o “Posesión Infernal”. La banda sonora también está repleta de grandes clásicos, por lo que resulta perfecta para la atmósfera que transmite.

La serie es un gran homenaje a grandes directores, como el propio Steven Spielberg. Los productores y guionistas han logrado ir más allá de los hombres y mujeres que los han inspirado, ofreciéndonos un suspense increíble de los que no te permiten ni parpadear, principalmente cuando percibimos que no existe un protagonista concreto, sino un grupo de personas que se ven involucradas en el centro de una gran conspiración.

Puedes elegir el arco que más te agrade, aunque todos son igualmente importantes en su manera e impecables. El casting ha sido prácticamente perfecto y los actores ayudan a dar vida a todo ese misterio, destacando sobre todo la pareja compuesta por Mike (Finn Wolfhard) y Once (Millie Bobby Brown). Los jóvenes son lo que podríamos esperar en una película como E.T. o Los Goonies, y son igualmente talentosos. Es bueno ver cómo los niños actores consiguen aportar tanto o más que los mayores. El núcleo adulto interpretado por Winona Ryder y el policía Hopper (David Harbour) ejecutan a la perfección su papel, pero los amigos de Will, interpretados por Finn Holfhard, Caleb McLaughlin y Gaten Matarazzo realizan una interpretación increíble y garantizan grandes momentos de comedia y drama.

Si tuviésemos que elegir un solo protagonista quizás nos decantaríamos por Mike. Él es el típico héroe que está dispuesto a ponerse en situaciones peligrosas para salvar a sus amigos, incluso sabiendo que no es muy fuerte, por el hecho de tener un gran corazón. Él está en el centro de todo desde el inicio y su relación con Once trae una cierta dulzura en diversos momentos de tensión.

Stranger Things es una serie ideal para los amantes de la ficción científica de la década de los 80, pero también para los amantes del misterio y la ficción en general, por el cuidado y cariño que han tenido para conducir todos los arcos, que finalmente se unieron de una manera increíblemente natural.

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