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The Walking Dead: Crítica de la sexta temporada

The Walking Dead tuvo momentos brillantes en su sexta temporada. El comienzo, con un episodio repleto de acción, preparó el terreno para las batallas territoriales que vendrían en adelante. El aura de terror que rodeaba a Negan y sus secuaces fué el gran acierto de la temporada.

Los innumerables grupos que aparecieron mostraban una faceta confusa, sin dejar ninguna pista acerca de lo que eran. Peor todavía cuando el asunto se trataba de Negan, que sólo parecía ser una fuerza bruta, un líder nato, pero sin trazos evidentes de maldad… hasta que finalmente Jeffrey Dean Morgan apareció interpretando al personaje.

Sexta temporada de The Walking Dead

A pesar de entrar en escena tan sólo unos minutos, el actor transmitió, en un largo monólogo, toda la psicopatía del villano, conocido como uno de los mejores de los cómics. Sin ser violento, Morgan estuvo perfecto en la piel de un villano que hasta el momento sólo existía en la mente de los espectadores y se materializó con toda la maldad sugerida anteriormente.

Jesus (Tom Payne), uno de los habitantes de Hilltop, fué otro de los buenos fichajes en la sexta temporada. Con inteligencia y habilidades para la lucha, se mostró mucho más pacífico que otras de las personas que se cruzaron en el camino de Rick (Andrew Lincoln) y compañía.

No podemos negar, sin embargo, que The Walking Dead ha llegado al final de la sexta temporada sin saber respetar demasiado a sus fans. En los 16 episodios, la serie basada en los cómics de Robert Kirkman mostró que todavía lleva a sus espaldas lo mejor pero también lo peor de la televisión moderna. La serie construyó arcos complejos y con una narrativa centrada en la transformación de los personajes, mientras se apoya en ganchos y misterios vacíos y sin sentido. La receta se repitió en el inicio y en el final de la sexta temporada, que podría ser de las mejores de la serie, pero que da la impresión de que se ha desperdiciado el gran potencial creado a lo largo de los episodios.

La decisión tomada con Glenn (Steven Yeun) en los primeros episodios y en el final con el ataque de Negan (Jeffrey Dean Morgan) son los ejemplos evidentes de los errores de The Walking Dead. En estos dos casos, la serie consiguió construir tensión a la perfección, supo colocar a los personajes en situaciones de emergencia que coincidían con toda la narrativa hasta el momento, pero no entregaron nada como respuesta. En lugar de resolver los arcos (sea matando o no), la serie prefirió apostar por el supuesto “misterio”.

La decisión de no mostrar cuál fué el objetivo de Lucille fué cobardía. Si la intención era causar conmoción y discusiones en internet, la producción tiene que entender que ya no es necesario posponer un tema para mantenerlo vivo. Más importante que el misterio en sí, es lo que viene después de él, el desarrollo de la historia y de los personajes, que en el fondo son la razón de la serie en su conjunto.

Hablando de personajes, además del propio Rick, que finalmente es el líder que trató de ser durante cinco temporadas, Carol (Melissa McBride) también gana más espacio. Pasó de ser una mujer reprimida por el marido, a ser una superviviente y de las luchadoras más importantes de Alejandría, y en la sexta temporada comenzó a mostrar señales de flaqueza. Esos cambios en la vida de Carol la convirtieron en uno de los puntos más interesantes de la serie, pues a partir de ella es posible notar las consecuencias a largo plazo del apocalipsis. Y mientras su paso es decreciente, Morgan (Lennie James) simboliza el optimismo. La semilla de esta discusión (que podría haber sido resuelta este año), apenas ha sido plantada, pero debería generar buenas discusiones en la séptima temporada.

The Walking Dead nos proporcionó al menos dos grandes momentos en este sexto año. La lucha contra los zombies en Alejandría y el monólogo de Negan, por ejemplo, son secuencias que todos los fans recordarán durante mucho tiempo. Por otro lado, la serie continúa apoyándose en recetas retrógadas que denigran la historia en lugar de hacerla evolucionar. Puede que ni siquiera sea una cuestión de tiempo esperar a que esto cambie, y quizás es realmente la forma en la que AMC piensa, el hecho de que ven que “esto funciona” y probablemente sea así hasta el final. Una pena, pues con el material del que disponen, el elenco y el potencial que tienen en manos, The Walking Dead podría ser mucho mejor de lo que realmente es actualmente.

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