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Crítica de The Walk (En la cuerda floja)

¿Cuál es la línea que separa el coraje de la locura? ¿El sueño de la insensatez? ¿El deseo de la ambición desmedida? Son preguntas cuyas respuestas no son fáciles de responder y que se hacen más complicadas cuando vemos a alguien haciendo algo que para la mayoría de la gente, es simplemente impensable, fuera de lugar y, no raro, sino una locura.

Actos de gran valentía, por lo general causan estas reacciones, pero también provocan admiración y, aunque muchos no quieran admitirlo, una gran envidia, porque no son pocos aquellos a los que le gustaría tener el coraje de realizar algo tan atrevido.

The Walk (En la cuerda floja)

The Walk (La cuerda floja) nos narra la verdadera historia de un hombre valiente y audaz: el artista de la calle y equilibrista francés Philippe Petit (Joseph Gordon-Levitt). Cuando era niño, Philippe fué al circo y quedó fascinado con los acróbatas que se encontró, y comenzó, por cuenta propia, a entrenar para poder ser algún día un equilibrista, a pesar de la oposición de su padre. Philippe abandona su casa en la pequeña ciudad donde viviía y se marcha a París para probar suerte como artista callejero. Allí, él conoce a la también artista callejera Annie Allix (Charlotte Le Bon).

Philippe revela a Annie su sueño: cruzar las torres gemelas del World Trade Center, el edificio más alto del mundo, en Nueva York. Comienza a prepararse para la gran aventura y se traslada a Estados Unidos para ver y conocer el enorme edificio en su fase final de construcción. Al regresar, pide consejo al ex-equilibrista checo, Papa Rudy (Ben Kingsley), quien le enseñó técnicas y secretos que hasta entonces desconocía. Pide ayuda a sus amigos y cómplices, al fotógrafo Jean-Louis (Clément Sibony) y al matemático Jean-François (César Domboy).

Al llegar a Nueva York, conocen a Jean-Pierre (James Badge Dale), un francés instalado en la ciudad y que se compromete a ayudarlos, así como los estadounidenses Albert (Ben Schwartz) y Barry (Steve Valentine). Durante los preparativos, Philippe se lastima el pié, pero aún así, decide continuar, pues cree que nunca tendrá otra oportunidad para realizar la travesía. Entonces llega el día, y comienza a caminar de una torre hacia la otra, con un gran vacío entre ellas…

La película está basada en la autobiografía de Petit, “To Reach The Clouds” (Alcanzar las nubes). En 2008, en base a este mismo libro, fué realizado el documental “Man On a Wire“, que contó con la colaboración técnica de Petit, y ganó el Oscar al Mejor Documental, el BAFTA a la mejor película británica, además del Premio del Jurado y el público del Festival de Sundance. El director estadounidense James Marsh (La Teoría del Todo), afirmó en una entrevista que enseguida se sintió atraído por la historia, ya que la vió como una película de acción. Y, por lo que parece, también el director Robert Zemeckis tuvo esa misma visión.

Ha pasado mucho tiempo desde que Robert Zemeckis se ha consagró como director, con películas como la trilogía de Regreso al futuro, la oscarizada Forrest Gump (1994), Contact (1997) o Náufrago (2000) entre otros éxitos. Sus películas posteriores reflejan la madurez de sus trabajos anteriores, que hacen de él uno de los cineastas más innovadores en el cine actual.

En The Walk, Zemeckis muestra una vez más, esa madurez e inventiva. Su trabajo de dirección es excelente, tanto en la dirección de los actores -se ve claramente que los protagonistas están a gusto- como en las escenas de acción, especialmente en el gran momento del cruce. Hasta que se produce el esperado evento, Zemeckis consigue mantener vivo el interés del espectador, incluso en una película que tiene una duración de poco más de dos horas, no se hace agotadora.

El cruce de las torres es el gran momento de la película. Muy pocas películas logran mantener la respiración como esta. El público, literalmente, suda frío mientras acompaña la hazaña del funambulista. Para que os hagáis una idea, incluso en las escenas de mayor tensión, la audiencia incluso suelta algún grito de susto, pues, así como el protagonista, están centrados en la caminata a través del cable de acero, que parece que no termina nunca. Incluso sabiendo que el francés no se cayó, nadie se atreve a abrir la boca por temor a que en la película sí ocurra lo peor!

Los grandes efectos efectos especiales, sumados a un buen 3D en pantalla Imax refuerzan todas estas sensaciones. Ayudan en esta experiencia sensorial la gran fotografía del polaco Dariusz Wolski (Exodus: Dioses y Reyes), con fantásticas escenas en lo alto de las Torres Gemelas, y la igualmente grandiosa banda sonora de Alan Silvestri, habitual colaborador de Zemeckis.

La reproducción de la época, en el año 1974, está perfecta, y refleja el fin de dos épocas: la de la guerra del Vietnam, que entraba en su fase final (terminó definitivamente en 1975), y el del Movimiento Hippie, del cual solo quedaban unos resquicios. Ese movimiento sería reemplazado por el Movimiento Punk, que surgiría al año siguiente en Inglaterra y que posteriormente se extendería por el resto del planeta.

Protagonistas de The Walk (2015)

Los actores de reparto, además de ser muy buenas elecciones, desempeñan un gran trabajo, con actuaciones excelentes. El siempre genial Ben Kingsley, con su personaje Papa Rudy, consigue ser tan duro y áspero como tierno y gentil, siempre con la misma convicción. El personaje de Charlotte Le Bon, Annie Allix, está discreta, pero eso no quiere decir ausente o sin importancia dentro del film. Ella brinda apoyo y discreción a su compañero, y sin ella probablemente Petit no habría conseguido su objetivo.

Quien sorprende agradablemente es César Domboy. Su personaje, Jean-François, tiene un miedo terrible a las alturas. Su pavor es el pavor del espectador. Sólo Philippe consigue convencer al joven y frágil matemático para que lo acompañe a la cima del World Trade Center.

Finalmente, pero no menos importante, tenemos al protagonista, Joseph Gordon-Levitt. Su actuación es magnífica. El resto del reparto está bien, pero sin duda, el film es de él. Joseph es el alma de la película. Con su interpretación de Philippe Petit narrando su propia historia, Gordon-Levitt consigue una afinidad inmediata con el público, aunque a veces parezca engreído y arrogante. Pero, ¿cómo no va a gustarte? Para mayor realismo, aprendió a andar sobre un cable con el propio Petit, que, así como en “Man On a Wire”, fué el consultor técnico de la película. Con excepción del acento francés, un poco forzado, su interpretación es realmente buena, incluso merecedora del Oscar.

The Walk es un espectáculo digno de ver, emocionante, que transmite un mensaje ya visto anteriormente, pero que conserva su fuerza: vale la pena luchar por nuestros sueños, por más imposibles que parezcan. Al entrar en la sala del cine, los espectadores pueden tener la certeza absoluta de que asistirán a una película inolvidable, y posiblemente una de las candidatas al Oscar el próximo año.

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