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Crítica de Everest

Monte Everest. 8.848 m. de altura. Subirlo no es tarea fácil. Incluso los alpinistas con más experiencia saben que se necesita de mucha atención para hacerlo. La película Everest es un relato basado en hechos reales, esas palabras mágicas que ponen al público en otro nivel de atención. Y la atención es la palabra clave durante toda la película.

El guión, escrito por William Nicholson (Gladiator) y el ganador del Oscar Simon Beaufoy (Slumdog Millionaire), nos muestra los acontecimientos en la temporada de escaladas de 1996 al monte localizado entre Nepal y China. Al alpinista neozelandés Rob Hall (Jason Clarke), casado con la también alpinista Jan Arnold (Keira Knightley), se le ocurrió la idea de hacer excursiones para escalar el monte Everest. Estableció una especie de agencia de turismo para este trabajo.

En aquel año, el equipo que acompañó a Rob hasta la cordillera del Himalaya, donde se encuentra el monte, estaba formado por una responsable de la gestión del campamento base y controladora de las comunicaciones, Helen Wilton (Emily Watson); el socio y colega de aventuras, Andy “Harold” Harris (Martin Henderson) y la médico Caroline Mackenzie (Elizabeth Debicki), por primera vez allí. En el lugar, contrató a la guía de la región, de etnia sherpa, Ang Dorjee (Ang Phula Sherpa).

Everest, con Jason Clarke

La idea que Rob tuvo fué tan buena que algunas personas le copiaron y abrieron sus propias agencias de turismo especializadas en aquel tipo de expediciones. Entonces, en esta temporada, había muchos grupos para subir el monte. Entre los competidores estaban Scott Fischer (Jake Gyllenhaal) junto con Anatoli Boukreev (Ingvar Eggert Sigurðsson) y Guy Cotter (Sam Worthington). El grupo que contrató a Rob para llevarlos a la cima estaba compuesto por un carpintero y cartero, Doug Hansen (John Hawkes); un típico norteamericano de Texas, Beck Weathers (Josh Brolin); un periodista, Jon Krakauer (Michael Kelly) y una japonesa que ya había escalado seis de las siete montañas más altas del mundo, Yasuko Namba (Naoko Mori).

William y Simon, los guionistas, tenían en sus manos una historia una historia muy conmovedora en la que se muestra cuáles son los límites del ser humano. Se las arreglaron para conciliar cómo cada una de aquellas personas reaccionaba a lo que se le exigía conforme avanzaban las etapas por las cuales debían pasar para llegar a la cima del Everest con sus expectativas y sueños. Es complicado equivocarse con la fotografía cuando cuentas con un escenario como la cordillera del Himalaya y el Monte Everest, con paisajes preciosos e impresionantes, pero aún así, es necesario mencionar el excelente trabajo del director de fotografía, Salvatore Totino.

Jason Clarke interpreta a Rob, el guía de la expedición y dueño de la agencia de turismo. Su personaje está muy preocupado con las personas que ponen sus vidas en sus manos, pero al mismo tiempo sabe que lo que hace es un negocio y tiene que ser ejecutado de la mejor forma posible. John Hawkes está perfecto en su papel como Doug. Transmite la fuerza de voluntad por la cual aquel cartero y carpintero quería conquistar el monte para mostrar a los niños de su ciudad que un hombre común también puede hacer cosas extraordinarias. Josh Brolin, que ya tiene un rostro típiciamente norteamericano, transmite bien la prepotencia del personaje que interpreta.

Se trata, en general, de personajes interesantes, aunque existe un exceso de ellos, por lo que cuando se intenta profundizar en las subtramas de cada uno, algunos pierden interés y pueden resultar indiferentes para el espectador. Si el guión se hubiese centrado en una cantidad menor de personajes, la película habría resultado todavía mejor.

El director, Baltasar Kormákur (2 Guns, Contraband), consigue conjugar y coordinar de manera espléndida actores y escenario. Mostró lo que era necesario mostrar y consiguió hacerlo sin ser sensacionalista o dejar que la película cayera en el melodrama. Esta combinación equilibrada y bien realizada la convierte en una producción muy fuerte. Y hablando de producción, hay que felicitar a la de esta película, porque por lo que podemos ver en pantalla, no habrá sido nada fácil el rodaje.

Y lo que menos vemos en pantalla son los efectos especiales. Están muy bien camuflados y utilizados en su justa medida, por lo que realmente parece que los actores pasaron por todos esos eventos.

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