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Crítica de Exorcismo en El Vaticano

Una de las primeras conclusiones que se pueden sacar al ver “Exorcismo en El Vaticano“, la primera película en solitario de Mark Neveldine (Crank), es que dentro de la pareja Mark Neveldine / Brian Taylor, Neveldine es el que tiene un problema con los hospitales.

Exorcismo en El Vaticano” tiene el mismo espíritu anárquico de Crank, aunque en esta ocasión, a Jason Statham corriendo de un lado a otro con una bata de hospital lo sustituye una rubia angelical, apropiadamente llamada Angela (Olivia Dudley).

En la trama, Angela Holmes (Olivia Dudley), de 27 anos, se corta accidentalmente el dedo y va a parar a emergencias. La infección de su herida hace que comience a actuar de forma extraña con las personas que la rodean.

Su padre Roger (Dougray Scott) y su novio Pete (John Patrick Amedori) tratan de entender lo que le está pasando. De esta forma terminan conociendo al Padre Lozano (Michael Peña), quien examina a la joven y acredita que lo que le sucede es mucho más que un simple caso de problema psiquiátrico: está poseída.

Los videos de vigilancia de los locales por los que pasó acaban yendo a parar a manos de dos Cardenales de El Vaticano, Vicar Imani (Djimon Hounsou) y Brunn (Peter Andersson), especializados en encontrar evidencias de la llegada del Anticristo a la Tierra.

Exorcismo en El Vaticano

La película se las arregla para iniciar con una buena premisa y conseguir algunos grandes momentos de terror al principio, pero huye rápidamente del género, sin centrarse en algo sombrío y oscuro, para convertirse en un filme de acción y suspense, sin grandes explicaciones y apoyado sólo en lo visual.

Los tráilers apuntaban a otro tipo de película, aunque como suele suceder, nos la presentan de una manera pero posteriormente nos encontramos con algo totalmente diferente. Parece que intentaron aliar dos tipos de película de terror: la de suspense y la de los sustos, pero terminaron por no conseguir esto y la producción se pierde al no ser ni de un tipo ni del otro.

En determinados momentos parece una versión anabolizada de El Exorcista (1973), y es que su estructura es similar a la del clásico de William Friedkin: película de exorcismos, sacerdote novato con dudas y un exorcista veterano que ya encontró al Diablo en su juventud. Cuando el Cardenal Bruun (Peter Andersson) llega en coche hasta la puerta de Angela, la luz que incide sobre él es la misma que en El Exorcista. Incluso el sombrero es el mismo que el del Padre Merrin.

En las películas de Neveldine, la acción es rodada casi obligatoriamente con mucho movimiento, es casi una seña de identidad. Normalmente filma con cámara en mano, con zooms y close-ups rápidos. Esta película no es una excepción, aunque la diferencia entre Angela y Jason Statham es que ella no necesita drogas o descargas eléctricas para regresar de comas o sueños profundos, lo que la mueve es la posesión. Neveldine parece que no supo como mostrarnos la historia, y finalmente la película tiene diferentes encuadres y maneras de rodar a lo largo de la misma, lo que no le ha servido para ayudar a contarla.

Los actores se esfuerzan y tratan de trabajar con esa historia, sin embargo, algunos no lo hacen tan bien como normalmente, como es el caso de Michael Peña (Ant-Man, Gracepoint). Dougray Scott no logra transmitir el desconcierto y la preocupación que un padre debería tener al no comprender lo que le está sucediendo a su hija. La que sí está a la altura es Olivia Dudley, quien interpreta a la perfección el papel de la atormentada joven. También consigue cumplir con creces John Patrick Amedori, quien consigue transmitir el sufrimiento de un enamorado que no entiende lo que pasa con su novia y está tratando de ayudarla de todas las formas posibles.

Es una pena que los guionistas y el director no hayan logrado convertir la premisa en una buena película, perdiéndose al intentar desarrollar esta historia, ya que la idea original era buena. Tampoco supieron como cerrarla. La idea, por lo que parece, sería iniciar una franquicia, sin embargo, sin saber cómo terminar esta primera película, incluyeron lo que parece un comienzo de una posible segunda película al final de esta primera.

La impresión final es la de ver una mezcla de películas de diversos géneros, con una buena premisa pero mal ejecutada, y tanto el guión como la filmación terminan por estropear lo que podría haber sido una buena película de terror.

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